Una película única, aunque es tal vez el guión lo más atrayente de esta película -algo que fue reconocido incluso por los críticos norteamericanos que le otorgaron el oscar a Sofía Coppola en este género - es fundamental acotar que su puesta en escena es la que convierte a esta cinta en algo nuevo y fresco que permite ver algunas esperanzas futuras en el cine hollywoodense.
La historia de un afamado actor que viaja a Tokio para rodar unos comerciales de whisky se une a la de una hermosa joven que es esposa de un fotógrafo famoso. Ambos sienten la soledad de esta gran urbe que sirve como escenario para ambientar una historia triste y llena de suspicacias irónicas que proveen ciertos momentos de humor.
La historia de un afamado actor que viaja a Tokio para rodar unos comerciales de whisky se une a la de una hermosa joven que es esposa de un fotógrafo famoso. Ambos sienten la soledad de esta gran urbe que sirve como escenario para ambientar una historia triste y llena de suspicacias irónicas que proveen ciertos momentos de humor.
De la puesta en escena sin lugar a dudas es necesario señalar la estupenda actuación del comediante Bill Murray que en un papel que se aleja del perfil que ha manejado por más de 25 años en el cine, una caracterización que bien pudo haber valido el oscar y que difícilmente se repetirá. De igual manera la actuación de Scarlett Johansson es satisfactoria teniendo en cuenta que aún es una actriz joven sin mucha experiencia.
No hay un escenario mejor para haber llevado a puesta a punto de esta cinta, que la solitaria grandeza de la ciudad nipona perdida entre los grandes lujos que aíslan a las personas del mundo y el contacto con el otro. El escenario y sus decorados es perfecto para que dos solitarios se encuentren en medio de la insulsa multitud del Japón.
Es sin lugar a dudas la puesta en escena de una historia tan lenta, la que permite al espectador seguir la trama sin perder el hilo en las largas secuencias del filme, matizadas por la buena fotografía de ese escenario insulso y majadero que muestra Sofía Coppola; desde el comienzo hasta el final se siente la necesidad de irse de Tokio para no perderse más, lo cual hace más creíble el final.
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